viernes, 8 de agosto de 2014

San Vicente y el golf caminan juntos


San Vicente de la Barquera es conocida desde los tiempos más remotos por sus virtudes marítimas, relacionadas con la abundante pesca y la industria del salazón, pero en especial por su puerto natural, único en la costa cántabra, que ya fue elegido por los romanos como enclave para sus rutas comerciales.
Desde comienzos del siglo XXI San Vicente es también un punto de encuentro para el golf, con la apertura del Club de Golf Santa Marina en 2001. La afición a este deporte estaba ligada a la villa desde hacía años, y los vecinos lo practicaban en otras localidades de la comunidad, o incluso bajan con sus hierros a los arenales de la playa para dar unos golpes.


Tras un paréntesis el campo reabrió sus instalaciones en agosto de 2013, gracias a la Asociación de Amigos del Golf de Santa Marina. Hoy es un campo especial, diseñado por Severiano Ballesteros, que cuenta con 18 hoyos y un par 73, con escuelas deportivas para niños y adultos, en varios niveles. Dispone de una cancha de prácticas cubierta, así como del alquiler de carros manuales, eléctricos, bugies y juegos de palos.


Apoyo institucional
El presidente de Cantabria, Ignacio Diego, aseguró en la reapertura del campo, que el golf es uno de los futuros de Cantabria, y resaltó la importancia de la marca Ballesteros, a la vez que comprometía el apoyo del Gobierno cántabro a este campo. Poco tiempo después esta colaboración se ha confirmado con el empuje dado por la Consejería de Deporte al Campeonato de España de la PGA, celebrado hace pocas fechas.

El Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera, también colaboró en la reapertura del campo y con su apoyo al campeonato de la PGA. Su alcalde, Julián Vélez, resaltó la ilusión que ocasiona hacer podido recuperar el campo y mostró su deseo de crear una escuela municipal de golf, para que los más pequeños puedan disfrutar en Santa Marina.
Parque natural
Las características naturales de la costa continúan tierra adentro, con praderas y bosques, cuyo principal exponente es el Parque Natural de Oyambre, donde se ubica precisamente este campo de golf.
Esta circunstancia posibilita practicar golf en estado en puro, en un entorno con una rica diversidad de flora y fauna, difícil de repetir, así como un muestrario geológico de gran interés.
En pocos kilómetros conviven ambientes diversos, con una variada representación de especies y hábitats característicos del litoral cantábrico, que convierten a este parque en unos de los lugares protegidos con mayor nivel de conservación.


Imagen turística de España
Esta villa es una de las más emblemáticas del litoral del mar Cantábrico, y es la imagen que España ha llevado a las ferias internacionales de turismo, resumida en esa postal que reúne mar, alta montaña, parque natural y arquitectura medieval.
Una imagen que por su diversidad invita a pensar que es irreal, que se trata de un conjunto imposible de tener ubicarse en tan pocos kilómetros. La imagen de los Picos de Europa, que muestran sus nieves detrás del perfil del castillo, es un regalo visual para los amantes del mar; para los surcan la costa con sus veleros o para los que descansan bajo el sol en las inmensas playas, premiadas repetidamente con la ‘Q’ de calidad que concede el Instituto de Calidad Turística de España.


Gastronomía y Medievo
San Vicente posee vestigios de la Edad de Bronce, como el yacimiento de El Barcenal y es un lugar elegido desde los tiempos remotos como enclave marítimo. La bahía de la villa se ha identificado como el Portus Vereasueca de los romanos.
Los que acudan a Santa Marina a practicar el golf pueden completar el día con un recorrido por San Vicente, para degustar los platos de los restaurantes más prestigiosos de la región, premiados con estrellas Michelin y recogidos en la elite de las publicaciones gastronómicas.
La arquitectura medieval es otro de los atractivos singulares de la villa, culminados en su acrópolis, con la iglesia de Santa María de los Ángeles, construida entre los siglos XIII al XVI, de estilo gótico montañés con puertas románicas. En su interior se encuentra la escultura del inquisidor Antonio del Corro, considerada una de las obras funerarias más bellas de Europa.

Muy cerca, al bajar por la calle Alta, encontramos el palacio del Inquisidor, dentro del estilo renacentista del siglo XVI, rehabilitado hoy como ayuntamiento local. Un poco más abajo se erige el castillo del Rey, que nace de los paños de las murallas, como una de las antiguas fortificaciones que datan del siglo VIII. Inexpugnable a las invasiones de normandos y vikingos, defendía con sus cañones la ciudadela y la costa.
El conjunto de este castillo y la famosa bahía decidieron al rey Alfonso VIII a otorgar fuero a la villa, en 1210, para dar salida al mar a Castilla, riqueza al municipio y mayor vigor a sus fortificaciones y sus astilleros. Sus barcos colaboraron en la conquista Sevilla y en las expediciones a América, debido a la gran navegabilidad y capacidad de carga de las chalupas barquereñas.
El conjunto arquitectónico es muy extenso, y exhibe otras valiosas piezas, como la torre del Preboste, antigua sede medieval para la recaudación de impuestos, el fuerte de Santa Cruz de Suaz, la capilla de la Virgen de la Barquera, o el convento de San Luis, junto con el Lazareto de Abaño, el edificio de su clase más documentado de la comunidad, del siglo XIII. Fue una leprosería que alberga valiosas pinturas de navíos únicas en su clase.

Forma parte de la ruta lebaniega, que atraviesa el campo de Santa Marina, y enlaza con el Camino de Santiago francés.

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